Copenhague
Embassy Sara Guerrero
Updated on 30/03/12
Está claro que Europa es todo un paraíso para cualquier viajero, lleno de rincones verdaderamente increíbles. Copenhague es, sin lugar a dudas, uno de ellos. La tierra de los vikingos es una ciudad cosmopolita, cargada de cultura y de riquezas artísticas que mezclan lo histórico con lo moderno, otorgando a la urbe un toque de dinamismo que atrapa al visitante. No es solo la capital de Dinamarca, sino la ciudad más importante del país, la más poblada y la que reúne las instituciones y empresas más importantes, como es el caso del Palacio Amalenborg o de la sede principal de la conocida cerveza Carlsberg. Un destino propio para disfrutar de un fin de semana en el que hacer un poco de todo, desde ver obras de arte y monumentos históricos, hasta probar las mejores cervezas del mundo y dejarse llevar por uno de los ambientes más vanguardistas de Europa.
Es cierto que hay bastantes cosas que conocer y hacer en Copenhague, pero se trata de una ciudad no muy grande y, además, cuenta con un sistema de transportes bastante bueno dominado sobre todo por la bicicleta, por lo que tres días es más que suficiente para visitarla. De hecho, lo más importante de la metrópolis se concentra en el centro, así que a pie o en bici podrás ir descubriendo todos los rincones que esconde. Lo mejor para saborear bien esta ciudad es dejarse llevar por la tranquilidad y serenidad que reina en sus calles y, sobre todo, por la amabilidad de sus habitantes. Seguro que la fría imagen que puedas tener de esta ciudad escandinava, cambiará cuando conozcas la calidez de su gente.
Sin embargo, aunque su entorno sea muy acogedor, el frío es el frío… así que las mejores épocas para escaparte son primavera y verano. En cuanto al idioma, a poco que sepas chapurrear algo de inglés estás salvado. Allí prácticamente todo el mundo sabe hablar inglés, así que con él y con el internacional idioma de los signos, no tendrás que enfrentarte a la incomprensible lengua del “dansk” (danés). En cambio, para la moneda sí que tendrás que hacer algo de esfuerzo porque, a pesar de que Dinamarca pertenece a la Unión Europea, sigue conservando su corona danesa, la cual equivale aproximadamente a 0,13€. Sí, como lo lees, la moneda danesa tiene su fuerza y, como te imaginarás, los precios allí son bastante altos. Pero no te preocupes por nada, ni por el escaso tiempo que tienes, ni por lo caro del país, porque para eso te voy a hacer una completa guía sobre lo que tienes que hacer, visitar y comer para que tu viaje sea inolvidable.
Así que, ya sabes, lo único que tienes que hacer es preparar tu maleta, donde no puede faltar algo de abrigo, ya que hace mucha, mucha humedad; cargar la batería de la cámara de fotos; ¡y correr al aeropuerto que el avión hacia Copenhague te espera! Una vez allí, verás cómo la conexión entre el aeropuerto y el centro de la ciudad es más que cómoda. A sólo 20 minutos de distancia, puedes desplazarte en tren o taxi, pero yo que tu no lo dudaba y optaba por el tren que en pocas paradas te dejará en la Estación Central de Copenhague. Ésta, además, está situada muy cerca del Ayuntamiento y de toda la parte más céntrica. Como siempre te aconsejo, procura alojarte en el centro para que todo vaya más fluido. Uno de los mejores hoteles es el Twentyseven, que se encuentra a pocos pasos de los sitios más interesantes de Copenhague. Pero, además de su ubicación, tiene una decoración vanguardista alucinante y un icebar en el propio hotel, ¡Un bar de hielo en el que tomar unas copas antes de irte a dormir! De hoteles originales, que hacen no querer volver a tu casa, está lleno Copenhague, pero como muchas veces no podemos darnos estos caprichitos, siempre nos quedarán los maravillosos hostales y pensiones. Copenhagen International B&B es uno de ellos y se encuentra en pleno centro. Así que tú decides qué prefieres.
Día 1: La ciudad de Hans Christian Andersen
Para tu primera toma de contacto con la ciudad, no hay nada mejor que sumergirse de lleno en el meollo. Lo más práctico es que te hagas con una bicicleta para que tu ruta se haga más ligera, aunque la opción de ir andando tampoco está mal. El sistema de alquiler de bicis es sencillamente perfecto. Todo en general funciona a la perfección, el orden y la tranquilidad son señas de identidad de Copenhague, así que conseguir una bici es coser y cantar. Es más, muchos de los hoteles y pensiones ofrecen este servicio o, incluso, puede que te la dejen prestada.
Así que te propongo que vayas paseando tranquilamente por el centro, dirección a la Plaza del Ayuntamiento para comenzar tu
expedición vikinga. Disfruta de sus parques, jardines, plazas y de toda la variopinta arquitectura que irás viendo conforme te acerques a la casa consistorial. Seguro que te encantará tanto como a mí la mezcla de estilos, desde restos de casas medievales hasta sorprendentes edificios acristalados, de formas imposibles, a cual más innovador. Puedes ir callejeando o directamente seguir el largo camino de la calle más importante y comercial de Copenhague, Strøget. Encontrarás multitud de pequeñas y variadísimas tiendas, llenas de artículos tan exclusivos como su propia ambientación y decoración. Verdaderamente merece la pena descubrirlas, pero del precio mejor ni te hablo. Cuando llegues a la plaza verás el imponente Ayuntamiento que reina sobre los demás monumentos, como la estatua del obispo Absalón, fundador de la ciudad, o la columna de los Lurblaeserne, instrumento típico de los vikingos. No podía faltar aquí una estatua al escritor por excelencia de la ciudad, Hans Christian Andersen, autor del famoso cuento de La sirenita, personaje literario al que, por cierto, está dedicada la estatua más popular de la ciudad y que veremos mañana. Disfruta del animado ambiente de la plaza y, si te apetece, sube al campanario del Ayuntamiento desde donde podrás divisar la ciudad a lo alto. Una panorámica espectacular. Subas o no, ten a punto la cámara porque es un sitio magnífico para echar bonitas fotos.
A parte de los ahumados y del famoso FlÆskesteg (asado de cerdo con lombarda agridulce y patata), lo que realmente vuelve locos a los daneses son los perritos calientes. Vayas por donde vayas encontrarás algún puesto ambulante donde poder llenar el estómago. Probablemente ya vaya siendo hora de comer algo, así que si no quieres perder mucho tiempo y ahorrarte dinero, ésta es la mejor opción.
Enfrente del Ayuntamiento te encontrarás con el Castillo de Andersen. Como salido de uno de sus mágicos cuentos, este edificio con múltiples detalles de estilo “Art Deco” tiene un encanto especial que no puedes dejar de visitar. Muy cerca está la entrada a los jardines de Tivoli, el espacio de diversión y espectáculos más conocido de la ciudad. En cuanto pongas un pie dentro, comprobarás por qué se trata del parque de atracciones más bonito de Europa. A pesar de contar con atracciones que nada tienen que envidiar a los parques más modernos, conserva el encanto de estos recintos de principios del S.XX. Todo su
interior, más de nueve hectáreas de extensión, está repleto de ambientes y edificios inspirados en lugares exóticos que, probablemente sirvieran de inspiración al escritor danés de honor. Podrás visitarlo desde abril hasta septiembre, o en Navidad, época en la que su ambientación y programación es especialmente mágica. Diariamente la banda de música Tivoli Guard desfila por todo el recinto amenizando a los visitantes con espectáculos y llamativas vestimentas. Además, puede que tengas suerte y tu estancia coincida con alguno de los muchos conciertos que allí dan grandes músicos internacionales.
Dependiendo de lo amante que seas de los parques de atracciones, puede que tu primer día llegue a su fin aquí donde, además de pasarlo muy bien, podrás cenar en los múltiples restaurantes que hay y disfrutar de su espectacular iluminación, con más de 110.000 bombillas. Pero, por si acaso, también te recomiendo que visites el museo Ny Carlsberg Glyptotekfundado por el matrimonio propietario de la cerveza Carlsberg. Está al lado del parque, en la parte este y en su interior hay obras de arte egipcio, romano y griego, además de pintores como Renoir, Manet o Van Gogh. Eso si, tendrás que llegar pronto porque a las 17h el museo cierra sus puertas.
Y para terminar el día, te propongo una pequeña ruta dirección norte, en la que descubrirás algunas de las maravillas arquitectónicas de las que te hablaba al principio. Si sigues hacia arriba del museo Carslberg, por la calle Ny Vestergade, encontraras la primera de ellas, The Victorian House. Una casa que conserva el estilo y decoración propia de finales del s. XIX y principios del XX, tal y como la dejara su rico propietario. Más arriba de la ciudad, pasando por el puente de mármol, llegaras
a la isla de Slotsholmen, donde se encuentra la sede del Parlamento danés. Esta isla peatonal es conocida como “la isla del poder”, ya que en ella se concentran las principales instituciones del país como la corte de justicia o las oficinas del Primer Ministro. Justo al lado de este serio pero elegantísimo enclave, se sitúan la Biblioteca Nacional, cuya estructura esta inspirada en la capilla real de Carlo Magno; y el Museo Judío de la ciudad, donde se expone la historia de esta comunidad en Copenhague y como fueron salvados del holocausto.
¿Estás cansado, verdad? Pues no esperes más, y de vuelta al hotel que mañana sigue la marcha.
Día 2: De la aristocracia a la anarquía
Hoy empezamos el día por agua. No porque tenga que llover, cosa que tampoco es nada extraño para el cambiante tiempo que hace en Copenhague, sino porque comenzamos la ruta a bordo de una barca por los canales que rodean la urbe. Para ello, mi consejo es que te desplaces hasta el Nuevo Puerto o Nyhavn, donde podrás encontrar fácilmente alguna embarcación turística, incluso con guía de habla hispana. Pero antes de subir, desayuna en alguna de las cafeterías que podrás encontrar
en este bellísimo muelle, rodeado de casitas coloridas y antiguos edificios. Realmente es un sitio encantador, al que puedes ir tanto de noche, cuando se convierte en uno de los puntos de marcha de la ciudad, como por el día, cuando se respira tranquilidad. Si te da tiempo, una buena idea es que pasees por sus alrededores y que disfrutes del ambiente bohemio y cultural de sus calles y comercios. Seguro que, cuando te pongas a mirar las fotos de tu cámara, te darás cuenta que la gran mayoría son de este precioso muelle.
Si sabes algo de Copenhague, seguro que conocerás la famosa escultura de La Sirenita. Pues bien, durante tu recorrido en barca, una de las paradas obligadas es precisamente en el parque de Kastellet donde se encuentra esta figura sacada de uno de los cuentos de Andersen. Fue el hijo del matrimonio fundador de Carlsberg quien mandó hacerla y se ha convertido en seña de identidad de la ciudad y del país. Sin embargo, a pesar de toda la historia y fábula que rodea a esta escultura, puede que te resulte más que decepcionante. Su tamaño no es gran cosa y está algo escondida, sobre todo por la cantidad de turistas que suelen
haber rodeándola a todas horas. Por eso lo mejor es llegar a primeras horas de la mañana para evitar las aglomeraciones, porque a pesar de que pueda ser poca cosa, es de obligada visita y no puedes irte de Copenhague sin haberte hecho la correspondiente fotografía.
¿Son cerca de las 12h? Pues corre hasta La Plaza de Amalienborg, porque no te puedes perder el cambio de guardia del Palacio Amalienborg. Verás cómo la guardia real llega a pie y a caballo a la explanada del palacio desde el Palacio de Rosemborg. Los soldados, vestidos de azul con capas rojas y enormes sombreros realizan el cambio, siguiendo el ritual del antiguo Imperio para proteger al Rey. Se trata de una marcha militar muy llamativa que se realiza en uno de los cuatro palacios que hay en esta plaza octogonal, concretamente en la residencia de invierno de los reyes de Dinamarca. Todo el complejo es una roya de la arquitectura danesa que tienes que ver.
Sigue camino por el canal que se sitúa al este del palacio, de regreso a Nyhavn. Si antes no lo habías visto, es el momento de que te pares a contemplar el edificio de la Ópera de Dinamarca. Del arte arquitectónico clásico del palacio real, pasarás al más moderno y actual de la casa nacional del ballet y la ópera. Descansa en el puerto y recarga las pilas almorzando. Ya sabes que aquí no te faltarán sitios para comer, pero te recomiendo que hoy lleves tú la comida para ahorrar algo de dinero y tiempo. La zona portuaria está llena de rincones donde poder improvisar un picnic, cosa que también tiene su encanto, sobre todo si hace buen tiempo.
La siguiente parada es el edificio de La Bolsa, que se encuentra justo a la entrada de “la isla del poder” que visitaste ayer. Pero antes de llegar, puede que te pique la curiosidad y quieras visitar el Museo Record de los Guinness, ideal sobre todo si vas con niños. Es cuanto menos curioso y divertido, aunque bastante caro para lo que ofrece. Así que, igual con ver su entrada, donde se encuentra la escultura del hombre más alto del mundo, tendrás suficiente. Por la Holmens Kanal, llegarás a la Bolsa. Un impresionante edificio de ladrillo rojo que destaca por su elegancia nada recargada pero, sobre todo, por su tejado que te llamará la atención a lo lejos. Cuatro colas enroscadas de dragones conforman el tejado en pico de este edificio.
Y lo mejor viene ahora. La tarde de hoy dedícala a saborear el barrio hippie ola Ciudad libre de Christiania. Lo que fuera una ciudad independiente, donde sus habitantes vivían de forma pacífica y relajada gracias al sistema del trueque, es ahora una de las zonas turísticas con más encanto de Copenhague. Las calles están llenas de paredes con graffitis, puestecillos de artículos artesanales y diferentes formas de arte urbano. Por las noches siempre hay conciertos y mucho ambiente en sus bares y restaurantes. Todo allí evoca libertad y bohemia. ¡El sitio perfecto para terminar el día!
Día 3: ¿Ecoturismo o bohemia?
Ya se sabe que todo lo bueno tiene su final… Y, lamentablemente, aquí ha llegado el de tu visita a Copenhague. Pero antes de volver, te queda un estupendo día por delante que aprovechar, y para ello mi propuesta es que disfrutes del distrito de Nørrebro, la zona más multicultural de la ciudad.
Sin embargo, si cuentas con más tiempo que un fin de semana, o tu vuelo sale de madrugada, visitar la Isla de Møn al sur de Dinamarca es una opción más que interesante. Lo más característico y llamativo de esta isla son sus playas y acantilados, a los que podrás llegar en Ferry. Además, hay varias fábricas de pescado, donde la gente compra exquisito pescado ahumado y se lo come en uno de los acantilados mientras contempla las maravillosas vistas. Un día de ecoturismo que puedes combinar con algo de compras en alguno de los puestos y tiendas de segunda mano que hay en la isla. ¡Un toque vintage para tus regalos!
Si trasladarte a otra isla es misión imposible, empieza la ruta encc o Teatro Nuevo. Se trata de uno de los teatros más bonitos de Europa, después de su remodelación. Otra maravilla arquitectónica de la ciudad que tienes que ver aunque sea por fuera, si no puedes asistir a una de sus representaciones. Siguiendo el Lago San Jorge o Skt. Jørgens Sø hacia arriba, la siguiente parada es el Planetario. Si el mundo de las estrellas te gusta, puede que te interese echar un vistazo a través del proyector y ver más de 4.000 astros. Si prefieres pasar de largo, no dejes de admirar la peculiar estructura del edificio de forma cilíndrica y una altura de 38 metros. Aunque no quieras seguro que tu reacción será mirar hacia arriba.
Y antes de pasar al otro lado del lago, donde se sitúa Nørrebro, te propongo que des una vuelta por Frederiksberg, como contraste a lo que viste ayer en Christiania. Se trata de un barrio tradicionalmente rico, rodeado de jardines y enormes casas. Dentro del barrio se encuentran el Fórum y el Zoo de la ciudad, ambos dignos de conocer. Pero como ya sabemos que andamos justos de tiempo, simplemente pasea y aprovecha este bonito lugar para almorzar. Hay muchos bares y restaurantes antiguos, que conservan el aspecto de épocas pasadas, muy agradables para tomar algo. Además, la mayoría de ellos tienen en sus establecimientos casitas de madera donde puedes comer, como si estuvieras en el campo.
Ahora sí, cruza el puente del lago y dirígete a Nørrebro. Allí, disfruta de las últimas horas que te quedan, paseando por alguno de los lagos artificiales de la zona; disfrutando de alguna exposición artística como la que podrás ver en el museo de la Barbie; visita el cementerio donde está enterrado Andersen; o simplemente mézclate con la gente, tómate algo en algún pub –cuanto menos original- y, si hace sol, túmbate sobre la hierba de alguno de sus jardines. Seguro que con esta “sesión de spa”, volver a casa se hará más fácil.
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