La Venecia medieval del norte

 

Brujas. Ya su propio nombre evoca un lugar mágico, encantado, lleno de sorpresas… y la verdad es que hace justicia a lo que significa y realmente es la capital flamenca. Una ciudad pequeña, al norte de Bélgica, que a pesar de los años y de haberse adaptado a la vida moderna, conserva su aspecto medieval, propio de un cuento de hadas. En definitiva, se trata del destino perfecto para una escapada romántica, o no, de fin de semana.

 

 

Detalle de la ciudad

En un solo día puedes recorrerte el centro de la ciudad, y puedes estar seguro de que la habrás conocido. Sin embargo, se trata de una de las metrópolis europeas con más magnetismo del mundo, por lo que bien merece la pena dedicarle todo un fin de semana a conocerla, a saborearla de verdad. Descansar, pasear por sus calles o por alguno de sus canales, degustar el mejor chocolate y disfrutar de su belleza arquitectónica son alguna de las cosas que puedes hacer en una escapada romántica. Pero, si tu escapada es precisamente de la pareja y lo que te apetece es un viaje de amigos o, por qué no, solo, Brujas también es un destino apropiado, repleto de bares “underground” donde podrás probar las mejores cervezas del mundo, y de salas de exposiciones con muestras de arte contemporáneo de lo más actual. De hecho si tienes libertad para elegir la época para viajar, hay ciertos eventos en la ciudad flamenca que merecen la pena vivir, como el Cactus Festival que cada julio acoge en el Minnewater o Lago del amor diversos conciertos al aire libre.

 

¿Te gusta el plan, verdad? Pues ya sabes, lo tienes tan fácil como hacerte con uno de los tantos vuelos baratos que hay a Bruselas. Sí, en esta ocasión tendrás que aterrizar allí y cogerte un tren hasta Brujas. Pero no te preocupes porque la conexión ferroviaria en toda Bélgica es muy buena y no muy cara, y además cuentas con la ventaja de que los precios a la capital europea son muy asequibles desde España. En sólo una hora recorrerás los 98kms que separan ambas ciudades y podrás hacer tu check-in en el alojamiento que elijas. Mi recomendación es que te quedes en un bed&breakfast lo más céntrico posible. Las distancias en Brujas no son grandes pero como son solo dos noches y lo importante está en pleno centro, ésta es la mejor opción. Además, la ciudad está prácticamente hecha para peatones, por lo que si te ubicas ya en el casco antiguo te será mucho más fácil la movilidad. Así que, ya sabes, ropa y calzado cómodo y abrigado sea la época que sea, ya que todo está adoquinado y el porcentaje de humedad es muy alto debido a que está rodeado de canales. ¿Tienes la maleta hecha? ¡Pues abróchate el cinturón que allá vamos!

 

 

Día 1: de plaza en plaza y tiro porque me toca

 

 

 

 

Provinciaal Hof en Grote Markt

Una vez hayas dejado tu troly a buen recaudo, mi consejo es que empieces tu experiencia en la mismísima Grote Markt o Plaza Mayor de la ciudad. Es una de las plazas más bonitas de toda Europa. Su acceso está restringido a los vehículos, así que podrás pasear tranquilamente por ella y disfrutar de la magnífica estampa de edificios neogóticos que la rodean y, por supuesto, de la torre Belfort van Brugge o campanario de Brujas. Desde lo alto de este campanario podrás recrear tu vista con una de las panorámicas más espectaculares de la ciudad, y por sólo 8€. Pero eso sí, coge aire, y si puedes calienta un poco, antes de empezar a subir los 366 escalones que te esperan antes de llegar a la cima. Aunque requiera un poco de esfuerzo, te aseguro que merece la pena. Sin embargo, si te puede más la pereza que la curiosidad, en la misma plaza también tienes el Proviciaal Hof o la corte Provincial, un edificio de estilo neogótico precioso; la estatua de Jan Breydel y Pieter de Conink en mitad de la plaza; o la fachada del Salón de los Tejidos, De Lakenhalle. Si te gusta la fotografía, aquí encontrarás un escenario perfecto para tomar multitud de instantáneas. Además, los alrededores y calles circundantes están repletos de tiendas con bonitos suvenires de la ciudad, pastelerías con los mejores bombones y chocolates, y museos, como el Museo de Bellas Artes, y salas de exposiciones tan curiosas como la dedicada a Salvador Dalí, justo debajo del campanario de la plaza. Las surrealistas extravagancias del artista catalán se mezclan aquí con la belleza mágica de esta ciudad. Su exposición es permanente y sin duda es muy interesante.

 

Seguro que la barriga ya comienza a sonar, ¿verdad? Y más después haber estado oliendo el aroma del dulce chocolate belga…pues tranquilo que a solo tres minutos andando, por la calle de Breidelstraat, te encontrarás con la Plaza Burg, otra de las maravillas de la ciudad donde, mientras comes en alguno de los muchos restaurantes y bares que allí se ubican, podrás contemplar la belleza de esta otra espectacular plaza. Que sepas que el plato típico de Brujas es la cazoleta de mejillones cocidos con apio y, por supuesto, con patata. Pero te pidas lo que te pidas, no puede faltar tu primera cerveza belga en el menú. Aunque no te guste, por lo menos, tienes que probarla. Eso sí, ten cuidado que aún queda mucho por recorrer. En la propia plaza, de hecho, se concentra gran parte de los monumentos más emblemáticos de la ciudad que te propongo en tu visita.

 

 

Ayuntamiento

El ayuntamiento, por ejemplo, que se encuentra en la parte sur, es uno de los edificios más impresionantes. De estilo gótico, es la casa consistorial más antigua de Bélgica. Te sorprenderán las tres torres que sustentan la fachada, así como el color rojizo de su tejado. Ya verás que su estética emula el arte arquitectónico veneciano, de ahí -y debido también al gran número de canales que se esconden entre la ciudad- que Brujas sea apodada como la Venecia del norte. Aunque lo cierto es que son incomparables, ya que la capital flamenca es en sí misma una joya europea que nada tiene que envidiar a ninguna otra ciudad. En el interior del edificio destaca el salón de plenos, el cual está adornado con espectaculares frescos en los que se narra la historia de la urbe, como el momento, en 1376, en el que se coloca la primera piedra del consistorio.

 

Justo al lado del Ayuntamiento, se encuentra el Palacio renacentista de Justicia, actualmente convertido en el Museo Het Brugse Vrije. Y al otro lado, la Basílica de la Santa Sangre. Dos iglesias en una, de estilo románico la de San Basilio, y de los siglos XV y XVI la que se encuentra actualmente encima y que destaca a primera vista. Sólo su fachada es realmente espectacular, pero su interior merece la pena conocerlo, además su entrada es gratuita y por solo un 1€ puedes visitar al museo donde se encuentra la reliquia de la Santa Sangre de Jesucristo.

 

 

Callejón del Asno Ciego

Al otro lado de la plaza, en la parte norte, te toparás con otra delicia arquitectónica que no puedes ni podrás perderte. Se trata del Probostía, un palacio barroco de 1662 que además de su majestuoso tamaño y apariencia, está situado al lado de los restos de una iglesia carolingia, lo que hace de este espacio un rincón lleno de belleza. Y para terminar con tu recorrido por esta sorprendente plaza, te propongo un bonito paseo en barca por uno de los muchos canales que rodean Brujas. La opción más romántica es la del Callejón del Asno Ciego, al que podrás acceder a través de un pasaje abovedado que se sitúa bajo el Palacio de Justicia. Una vez allí, párate a contemplar el precioso canal y comienza tu recorrido en barca.

 

A parte de la cerveza y de la cazuela de mejillones, la gastronomía de Brujas es conocida por su exquisito chocolate y sus patatas fritas, así que ¿Por qué no iba a haber un museo de los dos platos estrella? A tan solo cinco minutos de la plaza y por 6€ podrás conocer la historia de estas dos delicias del paladar. Tú eliges…dulce, salado o las dos cosas para terminar tu primer día en Brujas.

 

 

Día 2: arte, pasado y cerveza

 

Cierto es que no hace falta madrugar en este viaje para aprovechar tu estancia a tope, pero no te duermas en los laureles y despierta, que el mercado de la plaza ´t Zand te espera. Todos los sábados de 8h a 13h esta plaza acoge un animado mercadillo por el que pasear y, por qué no, comprar desde la típica comida belga hasta ropa y originales accesorios que podrás encontrar en muchos de los interesantes puestos. Seguro que con los atractivos precios y las curiosidades que verás, acabarás rascándote el bolsillo. Para comer, te aconsejo que lo hagas en alguno de los puestos. Aunque la plaza está llena de restaurantes, te saldrá mucho más económico comprarte algo rápido y seguir viaje.

 

 

Detalle de la catedral

Después de una mañana de consumo, es hora de cultura y, tal vez, de algo de religiosidad. Dirígete al sur de la ciudad, a cinco minutos de la plaza, y llegarás hasta la Catedral de San Salvador, la iglesia más antigua de la ciudad que mezcla en su estilo elementos del románico y el gótico debido a las modificaciones que sufrió por un incendio. Seguro que te llamará la atención su torre de 100 metros de altura, pero sin duda lo más interesante del templo se encuentra en su interior, donde se conservan sepulcros medievales y una importante colección pictórica, murales y tapices de artistas flamencos como Dirk Bouts o Hugo van der Goes. Su precio es de 2,50€.

 

 

Madonna y el Niño

A unos escasos tres minutos andando, se encuentra la iglesia de Nuestra Señora. Sabrás que estás frente a ella porque te sorprenderá su enorme campanario de 119 metros de altura, la torre más alta de la ciudad. No solo esto es lo que atrae a multitud de visitantes, su carácter medieval y sobre todo las importantes obras artísticas que allí se conservan, como la escultura de la Madonna y el Niño de Miguel Ángel, son un reclamo turístico muy importante para la ciudad. Esta escultura fue la única que salio de Italia estando su creador con vida y es una de las más importantes de este. Además, en el interior del templo también podrás ver otras obras como la Crucifixión de Cristo de Anthony van Dyck o el imponente pulpito rococó diseñado por el artista local Jan Antoon Garemijn. Al lado de la iglesia, podrás ver las estatuas de bronce de Carlos el Temerario, duque de Borgoña, y su hija, María de Borgoña.

 

Estando en la ciudad donde se inventó el pulido del diamante, no puedes dejar de visitar el museo dedicado a esta piedra preciosa. Para ello, solo tienes que seguir tu rumbo hacia el sur y solo en seis minutos llegaras al museo del diamante más moderno del mundo. Por 5€ podrás dar un paseo por el pasado de la ciudad, en el que su industria del diamante era una de las mas importantes del mundo. Conocerás la historia y ejemplares únicos de esta piedra. Una exposición realmente interesante.

 

Pero para joyas de la ciudad, su cerveza. Así que llega el momento de que te desplaces a una de sus cervecerías más importantes y conocidas, De Halve Maan. Literalmente “La media luna” es la cervecería familiar más antigua de Brujas, donde no solo podrás degustar su cerveza más famosa, la “Brugse Zot” (o “el tonto de Brujas”, si lo prefieres), sino que además tendrás la oportunidad de conocer más sobre el proceso de producción de la bebida y de la historia del establecimiento en una visita guiada de 45 minutos por su museo, cuya entrada en de 5,50€. Mucho cuidado con la Bruge Zot, porque su fermentación es muy alta, así que antes de poner un pie en este templo de la cebada, te aconsejo que llenes el estómago en alguno de los restaurantes de su alrededor. No te será difícil encontrar uno.

 

 

 

Día 3: un paseo para despedirte

 

Lamentablemente hoy es el día de volver a casa, pero antes de que cojas el avión, te propongo un día de relax para que te despidas de la ciudad como se merece.

 

La primera parada será en el Centro y Escuela de Encaje. Aquí conocerás la técnica e historia del arte textil más famoso de la ciudad, el encaje de bolillos. Puedes visitar su museo y si te atreves ponerte manos a la obra y aprender cómo se realiza este arte milenario. Para seguir metido un poco más en el Brujas medieval, dirígete hacia el Beaterio, a escasos cinco minutos andando hacia abajo. El que fuera el refugio para las viudas y huérfanas de la urbe tras las Cruzadas, es hoy uno de los monumentos más bonitos y visitados de Flandes, además del convento de las monjas benedictinas. La visita es muy interesante, ya que por un momento parece como si te trasladaras al S.XIII al ver cómo vivían estas mujeres en la casa de la entrada, conservada tal y como entonces. Y por supuesto, la belleza del edificio no te dejará indiferente.

 

 

Lago del Amor

Y para terminar te reservo uno de los lugares más bellos y románticos: “el lago del amor”. Para llegar hasta este mágico rincón, te recomiendo que vayas paseando relajadamente por la calle Minnewater y que disfrutes de las bonitas vistas al canal que lo rodea. Cuando llegues al parque, donde se encuentra el lago, descansa y echa tu última panorámica con los cisnes de fondo, seña de identidad de esta inolvidable ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

Enlaces de interés:

 

Trenes Bélgica

Museo de la patata frita y el chocolate

Cervecería De Halve Maan

Cactus Festival

 

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